La Resiliencia como parte del desarrollo del alumnado preadolescente

A lo largo de este apartado (capítulo 1ª del marco teórico de mi estudio doctoral) hemos ido abordando cómo es el desarrollo psicoevolutivo del alumnado en la preadolescencia, focalizando nuestro interés en los aspectos cognitivos, sociales, emocionales y físicos pero, al margen de ese discurso de gran interés, consideramos oportuno emprender el análisis, ya no sólo en las características básicas y comunes de su desarrollo madurativo sino cómo lo afronta, en definitiva, cómo toma el pulso de su vida siendo el protagonista de un periodo tan importante.

El discurso nos conduce hacia la Resiliencia, un concepto en auge, que entendemos como la capacidad de los individuos para afrontar y sobreponerse a situaciones adversas o dolorosas, principalmente, en el plano emocional. Este concepto supone un carácter dinámico y positivo de la conducta humana y plantea un modo de comprender el paso por los ciclos de la vida como un continuo aprendizaje, no sólo en el plano teórico- racional o lógico-matemático que se nos impone desde la sociedad, sino el aprendizaje integral y holístico del individuo priorizando el plano afectivo- emocional. Según Luthar (2005) “refleja la adaptación relativamente positiva” y aunque no puede ser valorada de un modo directo, se puede inferir por el modo de actuar de la persona.

Etimológicamente proviene del término latino resilio que significa “volver atrás, volver de un salto, resaltar” (Kotliatenco, Cáceres y Fontecilla, 1997). El uso del término proviene del campo de la física, concretamente, hace referencia a la resistencia de un material ante una posible rotura o la capacidad de retornar a su estado original después de un periodo de estrés y/o presión.

A grandes rasgos, el término Resiliencia ha sido estudiado por tres corrientes: Anglosajona, Europea y Latinoamerica. La primera de ellas, se centra en el periodo de la infancia y todas aquellas situaciones de riesgo que viven los niños y niñas. La corriente europea orienta su estudio en comprenderla como un proceso de adaptación y superación de las adversidades propias de la adolescencia. Por último, la corriente latinoamerica nos delimita el estudio hacia un concepto más comunitario, abandonando la noción individualista y centrando el discurso en el colectivo. Dado nuestro objeto de estudio, consideramos oportuno acercar nuestro discurso hacia las consideraciones de la corriente europea.

Por tanto en el campo de la Educación, este concepto se debería convertir en un proceso de activación del desarrollo humano, promoviendo un espacio de reflexión-acción preparatorio del alumnado hacia el camino de la vida adulta y de la inserción en la sociedad (Sousa, 2006). Ya no sólo centramos nuestro interés en conocer cómo será el camino que recorrerán nuestros alumnos y alumnas, sino en ayudarle a crecer potenciando sus capacidades y motivándolos hacia la superación personal. En palabras de la propia autora: “El educador/ profesor aprecia y valora la forma como el sujeto se va desarrollando y haciendo frente a las dificultades que tiene que enfrentar”.

El concepto de la Resiliencia proviene del estudio del comportamiento humano en contextos desfavorables donde los individuos tienen una alta probabilidad de un escenario final alejado de lo deseable para una persona. Estos sujetos presentaban unas características especiales que les permitía sobreponerse a una situación tan adversa, construyendo una persona con un proyecto de vida positivo. Así que trasladar ese concepto de superación al entorno educativo y al alumnado preadolescente, es comprender la posibilidad de activar aquellas características especiales en el alumnado, en una etapa muy sensible para la formación de la persona, que lo dotara de la capacidad de afrontar a las dificultades propias del devenir de la vida diaria. Pero, ¿es posible plantear una escuela que promueva alumnos y alumnas resilientes?

La Resiliencia se puede considerar como una característica que forma parte del individuo, garante de la estabilidad psicológica del mismo (Ohio State University, 2002) y susceptible de ser potenciada en edades tempranas (Benard, 2002; Sousa, 2006). Sin embargo, algunos autores apuntan a que no se puede considerar la existencia de chicos y chicas resilientes sino de individuos que adquieren conductas que lo conducen a tener la capacidad de afrontar las vicisitudes de la vida diaria, mediante un modelo resiliente (Luthar, 2005). Ello implicaría que existen estrategias y/o condiciones especiales, en el ámbito educativo, que nos podrían trasladar a un escenario donde el alumnado estuviera trabajando hacia un modelo de actitud resiliente durante su desarrollo preadolescente y adolescente, susceptible de ser abordado en la escuela.

Uriarte (2006) señala la existencia de diversos estudios los cuales destacan el papel de la educación y los docentes en el desarrollo de la Resiliencia en el alumnado. Apuestan por un desarrollo integral del mismo mediante experiencias educativas que le permitan crear “vínculos positivos que en algunos casos compensen experiencias negativas de otros contextos sociales”. Además, recoge una serie de cualidades personales conductoras hacia la Resiliencia:

  1. autoestima consistente;
  2. convivencia positiva, asertividad, altruismo;
  3. flexibilidad del pensamiento, creatividad;
  4. autocontrol emocional, independencia;
  5. confianza en sí mismo, sentimiento de autoeficacia y autovalía, optimismo;
  6. locus de control interno, iniciativa;
  7. sentido del humor;
  8. moralidad.
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